Juan Diego Oyola

Me volví retraído, cerré mis sentimientos, me volví ácido, cerré mi corazón para tratar de no sentir todo el rechazo a mi alrededor. No quería ir al cole, los odiaba a casi todos. Y con ese odio he vivido hasta hace algún tiempo. Ya los perdoné en mi interior. Entiendo por qué se dieron las cosas así y solo quiero estar en paz ahora.

Juan Diego Oyola

No tengo miedo.pe

Desde chico sentí que era diferente al resto de compañeritos. No tenía claro por qué, pero sabía que era algo mucho más complejo que no me gustara, por ejemplo, jugar fútbol.

Poco a poco me fui dando cuenta que era mi orientación sexual. Se me hizo evidente en la pubertad, cuando empecé a tener mi despertar sexual. Y estando en un colegio solo de hombres, era imposible que compartiera mis pensamientos con mis compañeros heterosexuales que libremente contaban los suyos con lujo de detalles.

El resto de mi vida en el cole no solo tuve que callar mis sentimientos, si no también sufrir por las constantes burlas de mis compañeros que, muy intuitivos ellos, notaron que era “raro”. Desde palabras directas con odio, hasta marginación o burla hiriente constante, todos los días.

Pocos fueron los que no se prestaban para el bullying. Casi no tenía amigos, salvo uno que era gay también y fuimos, creo, mutuo apoyo para sobrevivir al cole con nuestro humor en el que nos entendíamos muy bien. Algunos pocos eran más empáticos y no caían en la burla hacia nosotros.

Me volví retraído, cerré mis sentimientos, me volví ácido, cerré mi corazón para tratar de no sentir todo el rechazo a mi alrededor. No quería ir al cole, los odiaba a casi todos. Y con ese odio he vivido hasta hace algún tiempo. Ya los perdoné en mi interior. Entiendo por qué se dieron las cosas así y solo quiero estar en paz ahora.

Lo que no entiendo es cómo el colegio de la Inmaculada, hoy mixto, nunca tuvo algunas palabras hacia mi clase por las evidentes y constantes acciones de burla peyorativa hacia mí. Ni sobre el tema en general, al menos en esa época. Hoy que es un hecho social evidente que los gays estamos viviendo con menos miedo y dando la cara o muestras de cariño abiertamente, es necesario educar en cívica que vivimos en esta ciudad y mundo como cualquier heterosexual, y merecemos ser respetados.

Llegar al punto de poder contar esta historia es fantástico. Liberador para mí, permite la reflexión de quienes no viven con esta situación, y puede servir para conectar con otras personas que han vivido historias similares, para saber que no estamos solos. Que no somos raros. Que no hay que tener miedo.

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